Election Day y todavía no he tenido tiempo de comentar el programa electoral del senador Obama respecto a la sanidad estadounidense. El trabajo es lo que tiene, que no te deja tiempo ni para respirar.
'Alivio sintomático, pero no cura'. Así definía el New England Journal of Medicine la propuesta de Obama para la reforma del sistema sanitario de EE.UU. En principio, su idea es lograr que los casi 47 millones de americanos que no tienen seguro médico reciban cobertura y, al mismo tiempo, lograr que las familias medias americanas se ahorren 2,500 dólares al año en las primas de sus seguros.
En concreto, Obama impondrá a las empresas la norma 'play-or-pay', que podríamos traducir libremente como 'juega o paga'. Es decir, las empresas tendrán que hacer una aportación significativa al coste de los planes de salud de sus empleados o pagar un impuesto que ayudará al gobierno a pagar un nuevo plan público de salud.
El problema de este enfoque, según los expertos, es que en realidad es el empleado quien carga con el coste de los seguros de empresa. Estos seguros médicos se ofrecen como parte del plan de compensación económica de las empresas a sus trabajadores y, dicen los críticos de Obama, si el el empresario tiene que hacer una mayor aportación, lo hará a costa de reducir otros beneficios del empleado, posiblemente el salario. O al menos este no aumentará tan rápido como le gustaría al trabajador.
El plan de Obama también pretende corregir los problemas de los seguros médicos individuales. Como ya comentamos cuando hablamos de los planes de McCain, las familias pagan primas más caras por los seguros médicos individuales y estos, además, ofrecen menos beneficios que los seguros de empresa. Obama pretende crear un nuevo plan de salud nacional que estará a disposición de cualquier ciudadano estadounidense, sin inquirir sobre su estado de salud o sobre posibles enfermedades que ya pueda tener. Las primas que pagarán las familias se determinarán en función del poder adquisitivo de cada comunidad o ciudad, lo que significa que todas las familias de un mismo área pagarán lo mismo por el seguro médico.
El problema de este enfoque es que un buen seguro médico requeriría el pago de primas que serían inasequibles para muchos ciudadanos. Otra opción sería ofrecer planes de seguros más económicos, pero a costa de contar con menos prestaciones y más copago. Para evitar esto, los responsables de la campaña de Obama han anunciado que el gobierno del senador de Illinois dedicaría 65.000 millones más de dólares al año para financiar estos seguros médicos. En definitiva, aunque el proyecto de Obama permitiría a muchos americanos sin seguro médico disponer de uno, está por ver que se pueda lograr a un precio que sea admisible para el conjunto de la sociedad americana.
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martes, 4 de noviembre de 2008
viernes, 17 de octubre de 2008
La sanidad en EEUU (1)
A pesar de que la crisis financiera mundial ha centrado casi en exclusiva las últimas propuestas y debates electorales en Estados Unidos, uno de los aspectos más interesantes que se ha planteado en la presente campaña electoral americana es la reforma necesaria del sistema de salud del gigante norteamericano.
Para quienes no están familiarizados con la cuestión, conviene explicar antes de nada que el sistema sanitario estadounidense no tiene nada que ver con el español. Aquí disfrutamos de un sistema de salud público que financiamos todos con nuestros impuestos y al que todos los trabajadores –y sus familias dependientes- tienen acceso. Además, los ciudadanos tienen la posibilidad de contratar seguros médicos privados sin perder por ello el derecho a la atención pública gratuita. Mención especial merecen los funcionarios, que tienen su propio sistema de cobertura sanitaria (MUFACE en el caso de los funcionarios civiles; MUGEJU para los funcionarios judiciales; e ISFAS para los miembros de las Fuerzas Armadas).
En Estados Unidos, por el contrario, no existe un sistema sanitario público que cubra al 100% de la población. En este país, la asistencia sanitaria se basa en la sanidad privada y, concretamente, en la figura del seguro médico privado que proporcionan las compañías aseguradoras. Una reforma introducida en 1954 por el presidente Eisenhower permitió a las compañías deducir de los impuestos federales sobre la renta la contribución que realizan a los planes de atención médica de sus empleados. Esto permitió que un gran número de empresas decidieran ofrecer a sus empleados planes de atención médica que forman parte de la retribución que obtienen. Según algunas estimaciones, alrededor de 160 millones de ciudadanos estadounidenses obtienen actualmente su atención médica privada a través de los seguros proporcionados por las compañías en las que trabajan. Hay que resaltar que en esta cifra están incluidos no sólo los trabajadores, si no también, en muchos casos, sus familias.
El resto de la población que no disfruta de los seguros proporcionados en el lugar de trabajo tiene básicamente dos opciones: acogerse a alguno de los dos planes de atención gratuita que existen en EEUU (Medicare, para personas mayores de 65 años, y Medicaid, para personas con pocos recursos económicos) o bien contratar un seguro de salud privado, que generalmente suele ser más caro que uno seguro de empresa y, además, suele tener menos coberturas e implica un mayor copago por servicios. En total, se calcula que en Estados Unidos hay alrededor de 47 millones de ciudadanos sin seguro médico que dependen, por lo tanto, de una sanidad pública que, como puso de manifiesto el caso de Esmin Green, presenta graves deficiencias.
Tanto John McCain como Barack Obama han presentado propuestas para la reforma del sistema sanitario estadounidense. Aunque ninguna de ellas supone una revolución total del modelo actual, su implantación podría tener importantes implicaciones para la salud de los estadounidenses. Por eso, las analizaremos con un poco más de detenimiento próximamente.
Para quienes no están familiarizados con la cuestión, conviene explicar antes de nada que el sistema sanitario estadounidense no tiene nada que ver con el español. Aquí disfrutamos de un sistema de salud público que financiamos todos con nuestros impuestos y al que todos los trabajadores –y sus familias dependientes- tienen acceso. Además, los ciudadanos tienen la posibilidad de contratar seguros médicos privados sin perder por ello el derecho a la atención pública gratuita. Mención especial merecen los funcionarios, que tienen su propio sistema de cobertura sanitaria (MUFACE en el caso de los funcionarios civiles; MUGEJU para los funcionarios judiciales; e ISFAS para los miembros de las Fuerzas Armadas).
En Estados Unidos, por el contrario, no existe un sistema sanitario público que cubra al 100% de la población. En este país, la asistencia sanitaria se basa en la sanidad privada y, concretamente, en la figura del seguro médico privado que proporcionan las compañías aseguradoras. Una reforma introducida en 1954 por el presidente Eisenhower permitió a las compañías deducir de los impuestos federales sobre la renta la contribución que realizan a los planes de atención médica de sus empleados. Esto permitió que un gran número de empresas decidieran ofrecer a sus empleados planes de atención médica que forman parte de la retribución que obtienen. Según algunas estimaciones, alrededor de 160 millones de ciudadanos estadounidenses obtienen actualmente su atención médica privada a través de los seguros proporcionados por las compañías en las que trabajan. Hay que resaltar que en esta cifra están incluidos no sólo los trabajadores, si no también, en muchos casos, sus familias.
El resto de la población que no disfruta de los seguros proporcionados en el lugar de trabajo tiene básicamente dos opciones: acogerse a alguno de los dos planes de atención gratuita que existen en EEUU (Medicare, para personas mayores de 65 años, y Medicaid, para personas con pocos recursos económicos) o bien contratar un seguro de salud privado, que generalmente suele ser más caro que uno seguro de empresa y, además, suele tener menos coberturas e implica un mayor copago por servicios. En total, se calcula que en Estados Unidos hay alrededor de 47 millones de ciudadanos sin seguro médico que dependen, por lo tanto, de una sanidad pública que, como puso de manifiesto el caso de Esmin Green, presenta graves deficiencias.
Tanto John McCain como Barack Obama han presentado propuestas para la reforma del sistema sanitario estadounidense. Aunque ninguna de ellas supone una revolución total del modelo actual, su implantación podría tener importantes implicaciones para la salud de los estadounidenses. Por eso, las analizaremos con un poco más de detenimiento próximamente.
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